Voraz, una apuesta segura por la carne

Voraz, una apuesta segura por la carne Voraz, una apuesta segura por la carne

Inauguramos sección de críticas gastronómicas con el restaurante Voraz, situado en el Parque de los Príncipes, en el barrio sevillano de Los Remedios. El local lleva dos años abiertos y cuenta con diferentes zonas: una de restaurante, con un ambiente cálido, y otra de tapas, en una terraza para disfrutar de los días de sol.

Se trata de un lugar versátil, con una carta fija y otra de platos del día. Además, si te apetece algo diferente puedes ir en una de sus noches temáticas: los jueves hay sushi y música de DJ, mientras que los viernes se puede disfrutar de la cena y ver un microteatro. Sin duda, una apuesta acertada para dar cabida a todo tipo de clientes, ya que, tal y como nos confirma el propio personal de Voraz, el cliente que va un viernes por la noche puede ser muy diferente del que va un fin de semana a mediodía y aprovecha para disfrutar del parque con sus hijos.

Centrándonos ya en materia, hay que destacar la apuesta por la calidad que realizan en Voraz, con una carta variada, de precios asequibles y con materia prima de primera. Tal y como nos comenta Antonio, el chef, resulta una mezcla de cocina tradicional y vanguardista, con una apuesta firme por la carne, de la que además el cliente puede ver su DNI para comprobar que lo que está comiendo es realmente buey, ternera o vaca. Sin trampa ni cartón.

Comenzamos nuestro menú degustación con una ensaladilla de ahumados con suave de melva. Un plato tradicional que aporta una equilibrada mezcla de ingredientes y texturas, donde ningún elemento sobresale por encima del otro, rematados con una mayonesa cremosa y suave.

Ensaladilla de ahumados con suave de melva.

Ensaladilla de ahumados con suave de melva.

Seguimos con unas gambas blancas frescas y unos langostinos a la plancha, y pasamos a un tataki de atún acompañado de tres tipos diferentes de algas, de las que nos sorprendió, especialmente, la roja, pues es como estar comiendo directamente un trozo de mar. En cuanto al atún en sí: excelente. Elaborado al estilo japonés y metido durante 10-20 minutos en sal para eliminar el exceso de agua, lo que hace que tenga una textura firme y sabrosa, muy delicada al paladar.

Gambas y langostinos.

Gambas y langostinos.

Tataki de atún.

Tataki de atún.

El siguiente plato lo conformaban unos níscalos con zamburiñas y jamón ibérico. Una mezcla del mar y la tierra presentada con creatividad y muy armonizada, aprovechando el producto de temporada.

Zamburiñas, níscalos y jamón ibérico.

Zamburiñas, níscalos y jamón ibérico.

Pasamos a los platos de carne, la estrella de Voraz. Y comenzamos con una lasaña boloñesa sin pasta que se come con cuchara. Tras este singular nombre se esconde un plato original en el que se presentan unas faldas de ternera cocinada durante 80 horas a 73 grados, sobre una cama de salsa de tomate casera elaborada durante 5 horas, y cubiertas con una bechamel ligera. Hay que resaltar la jugosidad de la carne, muy melosa, que se deshace en la boca, fruto de esa lenta y prolongada cocción, así como el intenso sabor de la salsa de tomate.

lasanavoraz

Lasaña sin pasta.

Para acabar con los platos principales probamos una degustación de los diferentes tipos de carne que se sirven en el restaurante: ternera, vaca, buey auténtico y vaca con maduración de 90 días. Todas son carnes sabrosas, aunque nuestro favorito fue el buey, perfectamente hecho por fuera pero rosado y jugoso por dentro, tierno y con un sabor único. También nos llamó la atención el intenso sabor de la vaca con maduración de 90 días, realmente único.

Ternera, vaca, buey y vaca de maduración 90 días.

De izquierda a derecha: vaca maduración 90 días, buey, vaca y ternera.

La comida se acompañó con unos picos de Utrera y unos panecillos con nueces y pasas, presentados con una minibotella de aceite de oliva. El pan venía con temperatura, con una corteza crujiente y una miga consistente, con un toque dulce.

Para finalizar se presentaron dos platos. El primero fue un gelée de mandarina con crema de pistacho y sorbete de mandarina, regado con aceite de oliva. Es una interesante mezcla de texturas y sensaciones que se mezclan en el paladar: el frescor de la mandarina con la untuosidad del pistacho y el toque del aceite.

Gelée de mandarina con crema de pistacho, sorbete de mandarina y aceite de oliva.

Gelée de mandarina con crema de pistacho, sorbete de mandarina y aceite de oliva.

El postre final fue un buñuelo gitano, perfectamente frito y crujiente, sin exceso de masa, acompañado por helado de vainilla, una suave crema pastelera y una crema de chocolate con sabor intenso. Y con este plato llegamos al final de esta experiencia gastronómica, muy recomendable para paladares exigentes, que disfrutarán con la calidad de las materias primas y la cuidada elaboración.

Buñuelo gitano.

Buñuelo gitano.

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